¿RESPIRAMOS JUNTAS?

No sé por donde empezar a contarte la magia de la respiración.

Un día, hace ya unos años, me quedé clavada de la espalda. Poco a poco me fui recuperando y una semana después, cuando ya casi estaba bien, me desperté con un dolor mucho peor que el de la primera vez. ¡Tuve una recaída espectacular!

Y ahí me desmoroné… La primera semana lo había llevado súper bien, pero esto ya fue demasiado. Me decía: “¿Cómo puede ser?”, “¿Por qué?”, “¡No lo entiendo!”, “¿Qué es lo que he hecho mal?”, “Otra vez no”… y pensamientos de estos que no te llevan a ningún lugar interesante. Estaba en shock y no podía salir de ahí: “Pero si ya me estaba recuperando”, “Pero si ya había entendido el mensaje” “Me duele un montón y ya estoy muy cansada del dolor”…

En estas me llamó mi hermano para saber cómo estaba, y solo escuchar su voz empecé a llorar desconsoladamente. Él me escuchó, me dejó llorar y me dijo: “¡Vale, hay que hacer algo! No te preocupes. ¡Voy esta tarde y respiramos juntos!”. Creo que le dije que sí por pura desesperación y porque lo recibí con mucho amor. Es muy bonito que alguien te diga: “¡Ven, vamos a respirar esto juntos!”.

Resulta que él había estado haciendo una terapia a base de respiración y, cuando llegó, me empezó a contar las grandezas de la respiración, lo importante que es respirar para oxigenar a los músculos, y para ayudarlos así a recuperarse, la importancia de oxigenar al cerebro, que normalmente la respiración se queda en el pecho y no puede llegar allí donde la necesitamos…

Me habló también de cosas más sutiles, de que al final el oxígeno es la vida, que se trata de hacer llegar la vida al lugar donde duele, que todo es una cuestión de actitud y de decidir que quieres hacer con esto que te pasa. En el fondo, el tema era conseguir conectar conmigo misma, con mi centro, con mi cuerpo, y acompañarme a mí misma en ese dolor.

Me explicó como hacerlo estirada, porque no podía sentarme en ese momento: “Hay que coger el aire a través de la nariz pero respirando desde la glotis, vaciando primero los pulmones y dejándolos libres para recibir la entrada del aire nuevo. Notarás que se va llenando el abdomen cuando inhalas y se vacía cuando exhalas. Si puedes, mantén unos segundos el aire antes de exhalar porque así el cuerpo puede absorber mejor el oxígeno y haz las respiraciones todo lo profundas y lentas que puedas…”

Estuvimos respirando unos minutos, juntos, y entonces me dio una última clave: “Cuando sentimos dolor, lo que hacemos es cortar automáticamente la respiración, inconscientemente, sin darnos cuenta, así que estamos evitando que le llegue a esa parte el oxígeno que necesita. Así que si algún movimiento te duele, trata de hacer lo mismo pero respirando”. Como cualquier movimiento me dolía mucho en ese momento, tuve muchas ocasiones de practicar y es in-cre-í-ble… ¡deja de doler!

Me pasé algunos días más practicando la respiración 3 veces al día ,y en pocos días ya me encontraba mucho mejor creo que gracias a muchas cosas, pero entre ellas el conectar con la respiración de nuevo. Y nada, ¡me hice muy fan de respirar!

¿RESPIRAMOS JUNTAS?

Resulta que tenemos siempre una herramienta poderosísima para curarnos y conectarnos con nosotros mismos que no usamos o, mejor dicho, que no aprovechamos. Hace ya tiempo que intuyo que lo de la respiración es muy importante, pero hasta ese momento era algo que me costaba un poco. Por suerte, nada pasa porque si, y gracias a haber vivido esa situación, he incorporado la respiración a mi vida… ¡y estoy encantada!

Así que es por eso que hoy te traigo el recurso de la respiración. Aquella no fue la única vez en la que me ha sacado de algún que otro apuro, sobre todo cuando se trata  de gestionar las emociones y el dolor.

Hay una respiración muy fácil que se llama 4-3-7 y que me encanta practicar 5 min al día cuando me levanto. Consiste en inspirar contando hasta 4, aguantar suavemente la respiración contando hasta 3 y exhalar lentamente contando hasta 7 y así ir entrando en ese ritmo en el que respiras 4 veces por minuto. Es una manera de oxigenar el cerebro y a mí, además, me sirve para entrar en un estado de meditación.

¿TIENES 1 MINUTO? ¿LO PROBAMOS?

Siéntate en un lugar cómodo, yo me pongo un temporizador en el móvil o uso una app que se llama Calm, que también te cuenta el tiempo y te pone el sonido del mar de fondo. Empieza por por exhalar todo el aire que tienes dentro para hacer espacio, y cuando ya estés completamente vacía, empieza a inspirar contando hasta 4, retén 3 y exhala en 7.

Al principio recomiendan no practicarla más de 2 minutos seguidos para ir llegando, poco a poco, a los 5 minutos o incluso más. Y cuando ya te sea muy cómodo hacerlo en estos tiempos, puedes ampliarlos, a mi me encanta hacerlo un rato así y luego dejar la respiración libre y ver cuanto tiempo necesita mi cuerpo para inspirar, cuanto puede retener sin forzar y cuanto necesita para exhalar. Un truco, contar me ayuda a seguir manteniendo la atención en la respiración. Y si por lo que sea me distraigo, me llevo muy amablemente de vuelta a la respiración. 

Te dejo un ejercicio muy sencillo de respiración consciente propuesto por el maestro de mindfulness Thich Nhat Hanh. Mientras inhalas te dices “al inhalar, soy consciente que estoy inhalando”. Luego exhalas y te dices “al exhalar, soy consciente que estoy exhalando”. Nada más. Reconoces que la inhalación es una inhalación y que la exhalación es una exhalación.  Ni siquiera tienes que repetir toda la frase; basta con decir “inhalando” y “exhalando”.  Esta técnica te puede ayudar a concentrarte en la respiración. A medida que practicas, tu respiración se va calmando y se dulcifica, lo mismo pasa con tu mente y tu cuerpo. No es un ejercicio difícil.  Basta un par de minutos para que empieces sentir los efectos de la meditación.

Nada más por hoy. ¡Qué la alegría se sentirte viva te inunde, y que la respiración te acompañe siempre en todo momento a mantenerte en tu centro y en contacto contigo misma.!